miércoles, 2 de noviembre de 2016

Expedición Cordada al Khan Tengri 2016 parte I


La idea de hacer un "setmilillu" surgió allá por el año 2009, cuando Josep, Gerard, Jose S, yo y algún compañero más del Club Cordada AEE empezamos a estudiar la expedición al Khan Tengri, en la cordillera del Tian Shan. Diversas circunstancias impidieron la cristalización del proyecto, y acabé con Gerard en Perú realizando mis primeros seismilillus. Seis años más tarde la idea renace, primero con la idea del Broad Peak, y luego finalmente el Khan Tengri, pues se ajustaba más por calendario, de modo que varios miembros del club preparamos la expedición. Esta cumbre tiene 6995 m, que la nieve y el hielo elevan a 7010 m, y es fronterizo con Kazajstán, Kirguistán y ChinaSu nombre significa "Rey del Cielo" y es el siete mil más septentrional del planeta. Esta localización junto con su latitud le dan una climatología extrema y una fama de cumbre muy ventosa. El pico es uno de los cinco que debe ser escalado para poder obtener el premio Leopardo de las Nieves. Está enclavado en el importante macizo del Tian Shan, que significa "montañas celestiales". 




Nuestra idea es ascender por la vertiente sur, y como casi todo el mundo, además de usar el campo base, montar 3 campos de altura. Hasta el campo 3 es un ascensión glaciar algo empinada, no exenta de peligros, y los últimos 1200 m son los más empinados y técnicos, pero equipados casi todos con cuerdas fijas, lo que no me hace demasiada gracia.




Seremos cinco, Josep E.,guía del club y organizador de la expedición, Claudia S., Fran A.. Marc U. y servidor. Para aclimatar una semana mis cuatro compañeros fueron al Monte Rosa y durmieron en el Refucio Margherita, a 4500 m. Yo me tuve que conformar con un vivac en la cima del Aneto. Menos es nada. Antes del viaje, organizamos una trobada a la fresca en el casal de l'Harmonia para presentar la expedición al club y más gente.



La semana antes el vuelo no puede ser más estresante, pues nos tenemos que asegurar que nuestra llegada ocurrirá sin contratiempos, no dejarnos nada y coordinarnos para el material conjunto. Para más inri, la tarde antes del vuelo no encuentro el pasaporte recién renovado, y me tengo que hacer uno de emergencia 3 horas antes del vuelo. Por lo que el 22 de julio ya ha llegado, y embarcamos rumbo a Bishkek, capital de Kirguistán.





Después de hacer escala en Istanbul, llegamos al día siguiente hacia las 6 de la mañana al hotel de Bishkek. Pero ha habido un error. En vez de tomarnos el día libre para visitar la ciudad, tenemos que coger el autocar que nos lleva en 8 horas a Karkara, pues ha habido una confusión con este día de relax,y no dispondremos de él. Encima nos tocará dormir en el autocar. Conforme recorremos kilómetros por la "autopista", vamos observando un paisaje cada vez más exótico, con lejanas cordilleras nevadas de más de 5000 m a ambos lados de nuestra vista .

Nos acompañan en el autocar dos georgianos muy fuertes, y un grupo de un zaragozano, Javier, y dos navarros, Uxue e Ignacio, con quienes casualmente coincidí haciendo vivac en el Aneto la semana atrás. Llegamos al lago Issyk-Kul, el segundo lago de montaña más grande del planeta, de casi 200 km de largo, sólo por detrás del Titicaca.



El descanso para comer está planificado y lo hacemos en una de las poblaciones turísticas a orillas del lago, lugares de veraneo donde multitud de familias de clase media aprovechan las playas para bañarse. Finalmente por la tarde llegamos a Karkara, una base militar donde está ubicado el helicóptero que nos llevará la día siguiente al campo base de la expedición.





Al día siguiente, algo emocionados, montamos en el helicóptero, con capacidad para más de 30 personas con equipajes incluidos.



El vuelo, de unos 40 min, resulta espectacular. Primero paisaje estepario con grandes colinas, luego grandes montañas con glaciares interminables desfilan por los ojos de buey de la aeronave, y casi al final del recorrido, un vuelo rasante a un collado a más de 5.000 m. Inolvidable.




El campo base del Inylchek Sur está encima de una morrena a unos 4.000 m de altura, y básicamente son unas 30 tiendas biplaza grandes y confortables y las tiendas de servicio. Nosotros hemos contratado los servicios básicos del campo base, y alquilado dos tiendas de altura, además de una propia que traemos.


 
El Poveda al fondo
Una vez en tierra firme, nuestros ojos se dirigen hacia el Khan Tengri, cuya cima está envuelta en nubes, imagen que se repetirá en las próximas semanas. También distinguimos el Pobeda, de 7.439 m, con el que comparte campo base.





Ahora toca ordenar el equipaje y habituarse al lugar. El equipaje de Josep viene con sorpresa; sus botas han llegado rotas del helicóptero. Después de unos parches con cinta americana consigue tener algo en condiciones para esta semana, mientras arregla el problema.




Impresionante alud que vimos el primer día en el Pobeda


Al día siguiente ya nos levantamos a las 2 de la madrugada para aclimatar en una cima vecina de unos 5.200 m, cuyo nombre desconocemos. A propuesta de Josep, seremos los únicos que haremos la aclimatación fuera de la ruta de ascenso al Khan.  


Tardamos cerca de una hora y media en atravesar el ancho del glaciar Zvezdochka, pero se nos hace corto. El glaciar es precioso, con unas formas increíbles, similares a dunas pero de hielo, multitud de ríos que recorren el glaciar, e incluso túneles helados, uno de los cuales recorremos para sortear uno de los seracs.

 





Al fondo, la imponente figura del Pobeda se hace protagonista del paisaje. Pronto llegamos a la arista que nos debe conducir a la cima. 


La subida se hace dura, y la nieve poco a poco se va deteriorando por culpa del sol. La pendiente de la arista no sobrepasa en general los 45-50º, pero la altura y al apertura de traza hacen mella y yo ya voy asfixiado. A unos 4.800 m de altura decido que por hoy ya está bien, pues no estoy nada aclimatado todavía y es mejor no forzar al principio. Mis compañeros, algo más aclimatados, llegan hasta unos 4.900 m pero se dan la vuelta por las malas condiciones de la nieve.



Aprovechamos para hacer fotos de las montañas vecinas y particularmente de nuestro próximo objetivo, un collado más el este, al otro lado del glaciar. Por precaución bajamos por una tartera para evitar la pendiente que hemos subido, ya reblandecida por el sol. Esta vez el recorrido del glaciar se hace duro. Nos perdemos un par de veces y acabamos llegando al campo base bajo agua-nieve, justo para la cena. Para empezar no ha estado nada mal.Lo peor del día, la pírrica cena que nos dan en elcampo base, una tónica durante toda la expe.  
Vista al fondo del glaciar del próximo objetivo

Como vienen dos días de buen tiempo y luego varios malos, aprovechamos y al día siguiente volvemos a salir del campo base con intención de continuar nuestra aclimatación. El plan es salir otra vez pronto rumbo al glaciar Zvezdochka, para luego desviarnos al Este por un glaciar secundario que da acceso a un collado a más de 5.000 m. La idea es dormir arriba después del collado e intentar una cima cercana de unos 5.500. m. 


Esta vez vamos cargados con todo el material de vivac y salimos a las 7:00 del campo base. 



Al cabo de una hora llegamos al desvío del glaciar secundario y comenzamos a ganar altura poco a poco. Ni rastro de traza ni de hitos. Por aquí no ha pasado nadie en mucho tiempo. Además, las botas semiarregladas de Josep están cada vez peor y hoy abriremos traza el resto. Por si fuera poco, enseguida nos tenemos que encordar, pues las grietas están tapadas por la nieve caída días atrás y Fran se ha hundido hasta la cintura en una pequeña. 



 
Después de abrir huella bastantes horas está claro que no llegaremos al collado y decidimos montar tiendas a 4.700 m, cerca del muro de ataque. 



 Como tenemos todavía horas de luz, Fran, Marc y yo, descargados de peso, continuamos abriendo huella para el día siguiente, hasta casi el inicio del acceso al muro. Observamos que a partir de las 15:00 fuertes avalanchas de nieve húmeda caen por el corredor que queremos ascender.



Toca cenar liofilizados, el primer día que probamos. Hoy están muy buenos, pero este menú se repetirá muchos días...


Suena despertador a la 1:00 de la madrugada, y gracias a la traza de ayer en hora y media estamos a pie de corredor. Tomamos una entrada diferente a la planeada y ascendemos por una al principio sencilla goulotte, en dos cordadas. 


Al cabo de un rato de progresar por roca verglaseada y nieve sin transformar, Josep se curra un largo de IV+ o V en roca no muy buena y sin posibilidad de protección, así unos 25 m. Cuando llego a la R estoy flipando y resoplando por la altura. 


Por el estado de la nieve, una ascensión que teníamos que hacer mayoritariamente al ensamble la hacemos casi toda a largos. 


Las horas pasan rápidas y cuando estamos a mitad de corredor, a más de 5.000 m, decidimos bajar, antes de que se inicien las avalanchas. Empezamos a descender bien separados, pues un alud de nieve inconsistente ya cayó ayer desde esta zona.  Un increíble y gigantesco merengue se yergue por encima nuestro, en la vertiente Norte


Tras media hora de destrepes y pequeñas purgas llegamos al muro inicial, que descendemos en dos rápeles, el último de los cuales desde un nudo empotrado (qué emoción! ). 


Descendemos hacia las tiendas, que desmontamos, y tomamos rumbo al campo base con el objetivo de la aclimatación cumplido. Cuando llegamos nos enteramos de una catástrofe en el vecino Pobeda. Un alud ha arrasado el campo 1 y mucha gente ha perdido todo el material. Milagrosamente todo el mundo ha salido ileso. 

Estos tres días hemos disfrutado de parajes bien solitarios, y además no repetiremos ruta en los próximos días, los cuales ya dedicaremos a atacar a nuestra ansiada montaña, el Khan Tengri. 


Aquí se cierra la primera parte de la crónica. Próximamente la segunda y última parte. 

Un abrazo a tod@s,
      Jose